sábado, 17 de diciembre de 2016

Es un ave mitológica que tiene el tamaño de un águila, de plumaje incandescente rojizo, anaranjado y amarillo, provisto de un fuerte pico y puntiagudas garras, y se consumía cada 500 años por acción del fuego, para resurgir luego de sus propias cenizas.  Cuando le llegaba la hora de  morir, el ave fénix hacía un nido de hierbas aromáticas y especias, ponía un huevo que empollaba por tres días, y al día tercero se quemaba por completo. Al reducirse a cenizas, del huevo resurgía único y eterno, el ave fénix.  Al parecer el origen de la creencia esta en Europa, Grecia, como parte de la mitología griega.

Hay muchas historias del Ave Fénix y todas coinciden, sin importar quién o cuando la dijeron, en que muere ardiendo entre las llamas y luego resurge de sus propias cenizas siendo enorme, bella y poderosa. Según el historiador griego Heródoto, el Ave Fénix era una criatura magnífica que habitaba en el territorio de Etiopía. Esta ave tenía un tamaño espectacularmente grande, poseía una belleza deslumbrante y estaba adornada con un plumaje alucinante. El historiador también decía que el Ave Fénix construía su nido en las ramas de un ciprés. Cuando el nido estaba terminado ponía un huevo y se preparaba para morir. Mientras estaba sentada en el nido, el Ave Fénix generaba una gran cantidad de calor que le hacía arder en llamas, sirviéndole el ciprés como leña. Después de tres días el Ave Fénix resurgía de sus propias cenizas lo que la hacía capaz de vivir para siempre. Por su parte el poeta Claudio Claudiano, decía que el Ave Fénix era un ave cuya magnificencia era similar a la de los dioses celestes, la cual era capaz de competir con las estrellas en existencia ya que podía vencer el curso del tiempo al renacer de sus propias cenizas. Esta ave no saciaba su hambre comiendo ni apagaba su sed bebiendo de fuente alguna.



Como se trata de una historia ampliamente difundida, aparece con diferentes versiones en tradiciones distantes en el espacio geográfico. En China, que toma el nombre de Feng representa a la emperatriz y junto al dragón, simboliza la confraternidad inseparable. Y el Simurg representa una idea equivalente.

También en la India, aparece una versión local de mito del Fenix: se trata de una ave que al alcanzar 500 años de vida se inmola en vísperas de la primavera en un altar que ha sido especialmente preparado para tal fin por un sacerdote. Pero es la misma ave la que enciende el fuego. Al día siguiente, entre las cenizas, una larva aparece que luego se transforma en un pequeño pájaro. En la tercera jornada, otra vez puede reconocerse al Fenix que regresa a su lugar de origen. En la mitologia egipcia tomaba el nombre de Benú.

Forma parte del simbolismo de la alquimia, por el renacimiento a través del fuego. En efecto, ésta ave mitológica, en la leyenda medieval del fenix, vive en Arabia, pero vuela a Egipto el hogar de la alquimia, para sufrir su muerte ritual y regeneración. En esta versión, se trata de un ave púrpura o roja que al envejecer construye una pira de madera y especias para arrojarse en su interior. Los rayos del sol encienden el fuego y el pájaro aviva la llama utilizando sus alas hasta consumirse en su totalidad. Luego, un nuevo Fenix nace de las cenizas dejadas por el fuego.


En la mitología grecorromana, Hesíodo afirmará que el Fenix vivía nueve veces más que un cuervo. Ovidio la rescatará en su Metamorfosis. En México, el Fenix aparece siempre en compañía del gran dios Quetzalcoatl.

En la religión cristiana debido a su capacidad de morir y volver a la vida, el Ave Fénix guarda relación con Cristo.  Por este hecho el Ave Fénix fue considerada un símbolo para la cristiandad durante la edad media y fue representada en varias obras del arte y la literatura cristiana de esta época.   La historia del Ave Fénix, aunque con variaciones, es también encontrada en escritos de religiosos, historiadores, filósofos y algunos fundadores de la iglesia cristiana.

Según la leyenda cristiana, se dice que en el Edén originario, debajo del Árbol del Bien y del Mal, floreció un arbusto de rosas. Allí, junto a la primera rosa, nació un pájaro, de bello plumaje y un canto incomparable, y cuyos principios le convirtieron en el único ser que no quiso probar las frutas del Árbol. Cuando Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso, cayó sobre el nido una chispa de la espada de fuego de un Querubín, y el pájaro ardió al instante. Pero, de las propias llamas, surgió una nueva ave, el Fénix, con un plumaje inigualable, alas de color escarlata y cuerpo dorado. 

La inmortalidad, fue el premio a su fidelidad al precepto divino, junto a otras cualidades como el conocimiento, la capacidad curativa de sus lágrimas, o su increíble fuerza. A lo largo de sus múltiples vidas, su misión es transmitir el saber que atesora desde su origen al pie del Árbol del Bien y del Mal, y servir de inspiración en sus trabajos a los buscadores del conocimiento, tanto artistas como científicos.

Su cronología vital varía con la adaptación del mito. Así, cada 100, 500, 540 (y en algunas leyendas, incluso 1461 ó 12994 años), construye una pira funeraria en su propio nido, la rellena de inciensos y plantas aromáticas, y al tiempo que entona la más bella de todas sus canciones, se prende a sí mismo hasta extinguirse. No existe más que una única ave, cuya forma de reproducción, es, precisamente, el renacimiento, del que también es símbolo.





El Ave Fénix tiene sus representaciones en diferentes culturas, como la china (el Fêng-Huang), la japonesa (el Ho-oo), la rusa (El Pájaro de Fuego , que inmortalizara musicalmente Stravinsky), la Egipcia (el Benu), la hindú (el Garuda), e incluso en los indios de norteamérica (el Yel), o los Aztecas, Mayas y Toltecas (el Quetzal). Fue citado por primera vez por Hesíodo en el siglo VIII A.C. y más tarde y con más detalle por el historiador Herodoto.

El mito del ave Fénix, alimentó varias doctrinas y concepciones religiosas de supervivencia en el Más allá, pues el Fénix muere para renacer con toda su gloria. Según el mito, poseía varios dones extraños, como la virtud de que sus lágrimas fueran curativas, fuerza descomunal, control sobre el fuego y gran resistencia física. 

En todos los casos la representación es similar: una poderosa y fantástica ave con el aspecto de la reina de los cielos -el águila- aunque dotada de un plumaje del color del fuego con destellos celestes, púrpuras y oro.  Más allá de las diferencias que encontramos entre las más variadas versiones del mito, todas éstas coinciden en que, cuando se siente morir, el ave Fénix acumula plantas aromáticas, incienso y cardamomo, y fabrica una especie de nido funerario.  En él reposa y se deja consumir por su propio fuego interior, quedando reducido a cenizas…  Y renaciendo de ellas.



Según algunos autores, el simbolismo metafísico del Fénix nos habla de la conciliación de los opuestos, de la superación de las apariencias, de levantar la vista más allá de esta vida y de esta muerte para percibir el ciclo de la Vida, que es una constante transformación en medio de lo Inmutable.  El secreto –y su enseñanza- se encuentra en que el Fénix prevé su muerte y la prepara, adecuando un nido perfumado, un sagrado altar que le ayude a transformar el fin en un nuevo comienzo.  En el ocaso de su vida, el Fénix no se contenta con dejar apagar los latidos de su corazón…  Toma la iniciativa y permite que el fuego purificador acabe con su vida actual, pero reservando su esencia para una nueva existencia.  Lo pierde todo para ganar la Vida. Como en una alquimia vital, se somete al calor –tras prepararse- sabiendo que la transformación supondrá a un tiempo desaparición y permanencia, muerte y resurrección.





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