domingo, 9 de agosto de 2015

Como buena amante del arte que soy, he decidido compartir hoy una entrada sobre una obra artística bastante conocida por los japoneses (también se le llama estampa japonesa de hecho) llamada La gran ola de Kanagawa realizada por Katsushika Hokusai. Esta ola no sé si ustedes habrán tenido la oportunidad de toparse con ella en internet o en museos de arte pero yo me he topado con esta obra mucho por internet, y debido a que me pico la curiosidad de ver de que trataba, he investigado un poco más sobre ella y he decidió compartir esta entrada. Esta obra es tan valorada debido a sus detalles y su profundidad artística. Espero que les guste y les sea de interés.



La gran ola de Kanagawa (神奈川沖浪裏 Kanagawa oki nami ura, literalmente «Bajo una ola en altamar en Kanagawa»), también conocida simplemente como La ola o La gran ola, es una famosa estampa japonesa del pintor especialista en ukiyo-e, Katsushika Hokusai, publicada entre 1830 y 1833, durante el período Edo de la historia de Japón.

Esta estampa es la obra más conocida de Hokusai y la primera de su famosa serie Fugaku sanjūrokkei (富嶽三十六景 «Treinta y seis vistas del monte Fuji»), además de ser la estampa más famosa de su género así como una de las imágenes más conocidas en el mundo. Del molde utilizado se realizaron varias miles de copias, muchas de las cuales llegaron a manos de coleccionistas europeos. A partir de la década de 1870 la estampa se volvió muy popular entre artistas y coleccionistas franceses.

Varios museos conservan ejemplares de la obra, como el Museo Guimet, el Museo Metropolitano de Arte, el Museo Británico, o incluso la Biblioteca Nacional de Francia, generalmente provenientes de colecciones privadas del siglo XIX de estampas japonesas.

Estamos ante una imagen de destrucción inminente, donde las fuerzas del Ying y el Yang se hacen patentes. El Ying representado por la violencia de la Naturaleza y el movimiento de la ola, equilibrado con el Yang de la quietud del Fuji al cuál se le atribuían leyendas relacionadas con la inmortalidad. Hokusai materializa la ola en un ser vivo y poderoso, como perfecta simbología de lo que significan las fuerzas de la naturaleza para el sintoísmo japonés, religión original japonesa que incluye la adoración de los kami o espíritus del mundo natural. Las creencias budista del autor en las que se relacionan hombre-Naturaleza-Dios favorecen la idea de que los remeros no estuviesen luchando contra la ola sino discurriendo por el río de la vida. Así, este paisaje sería entendido como un estado del alma, ya que para la mentalidad japonesa, la naturaleza forma parte de nosotros mismos, la esencia  También podría expresar la obsesión de Hokusai sobre la vida y la muerte ¿Quería sugerir quizá Hokusai con esta imagen de destrucción que la “vida del mundo flotante” era efímera? ¿Que siempre hay un peligro acechando?

El mar y sus olas

El mar es el elemento dominante de la composición, que se basa en la forma de una ola, la cual se extiende y domina toda la escena antes de caer. En este momento la ola hace una espiral perfecta cuyo centro pasa por el centro del diseño, dando la posibilidad de ver al Monte Fuji al fondo.

Edmond de Goncourt describió la ola de la siguiente manera:

El dibujo de la ola es una especie de versión divinizada del mar hecha por un pintor que vivió el terror religioso del océano abrumador rodeando por completo su país; impresiona por la súbita furia de su salto a través del cielo, por el azul profundo del lado interno de su curvatura, por el salpicar de su cresta que desparrama un rocío de pequeñas gotas en forma de garras de animales.

Andreas Ramos, escritor, comenta:

[...]un paisaje marino con el Fuji. Las olas forman un marco a través del cual vemos el monte. La gigantesca ola es un gran yang para el ying de espacio vacío bajo de ella. El inevitable estallido de agua que esperamos imprime tensión a la pintura. Al fondo, una pequeña ola en pico, que forma un monte Fuji en miniatura, está reflejada a cientos de millas de distancia por el enorme monte Fuji original, encogido en perspectiva. La olita es más grande que la montaña. Los pequeños pescadores se sujetan a sus delgadas barquichuelas, se deslizan sobre un monte submarino buscando esquivar la ola. La violencia yang de la naturaleza es vencida por el ying de la confianza de estos experimentados pescadores. Extrañamente, a pesar de que haya una tormenta, el sol brilla en lo alto.

Concepción de la obra


Kanagawa-oki Honmoku no zu,
estampa creada alrededor de 1803.
En los primeros diseños las olas parecen estar hechas de un material denso y uniforme, casi parecen minerales. Su rigidez y verticalidad evoca más la forma de una montaña nevada, mientras que en la gran ola luce más activa, dinámica y agresiva, lo que da la sensación de amenaza.
Las primeras impresiones están muy marcadas por la perspectiva utilizada tradicionalmente en la pintura japonesa, donde el espectador ve el panorama desde una perspectiva de ojo de pájaro. La gran ola por el contrario tiene un manejo de la perspectiva más occidental, donde el espectador tiene la sensación de que va a ser aplastado.

Oshiokuri Hato Tsusen no Zu,
estampa creada alrededor de 1805.
En las primeras estampas en el fondo se puede observar el horizonte, mientras que en esta última obra el horizonte se encuentra en un punto tan bajo que nos obliga a ir al centro mismo de la acción.
En los primeros grabados un barco de vela se encuentra en la cresta de la ola, como si hubiera logrado escapar. Hokusai eliminó ese elemento en la gran ola, ya fuera porque interfiriera con la dinámica de la curva o para darle más drama a la impresión.

Las dos primeras impresiones cuentan con una composición dispar, careciendo de consistencia. La gran ola por su parte cuenta tan sólo con dos grandes masas visuales: la ola misma y el punto de fuga creado bajo la ola, como su nombre indica, «bajo la ola».

La ola muestra el control del dibujo que Hokusai había alcanzado. La imagen, aunque simple en su diseño como se presenta al observador es, sin embargo, el resultado de un largo proceso, de una reflexión metódica. Las bases de este método quedaron asentadas por Hokusai en su obra de 1812 Lecciones rápidas de dibujo simplificado, en el que explica que todo objeto puede dibujarse mediante la relación del círculo y el cuadrado.

Kaijo no Fuji, del segundo volumen
de las Cien vistas del monte Fuji, 1834.
Algunos años después Hokusai volvió a recurrir a la imagen de la gran ola, esto cuando realizó la obra Kaijo no Fuji, con motivo del segundo volumen de Cien vistas del Fuji. En dicha estampa se puede encontrar la misma relación entre la ola y el volcán, así como el mismo estallido de espuma. En esta última imagen ya no hay ni seres humanos ni barcos, y los fragmentos de la ola coinciden con el vuelo de algunas aves. Mientras que en La gran ola el viaje de ésta es contraria a la lectura en japonés —de derecha a izquierda—, en Kaijo no Fuji tanto la ola como las aves avanzan armoniosamente.


Expresión del artista


En la obra Hokusai reúne y ensambla diversos temas que aprecia particularmente. El monte Fuji es representado como un punto azul con blanco, que rememora la ola del primer plano. La imagen se teje a partir de curvas: la superficie del agua es la ampliación de las curvas del interior de las olas. Las curvas de la espuma de la gran ola generan otras curvas que se dividen en muchas olas pequeñas que repiten la imagen de la ola madre. Esta descomposición en fractales puede ser considerada como una representación de lo infinito. Los rostros de los pescadores son manchas blancas que hacen eco de las gotas de espuma que se proyectan de la ola.

Desde un enfoque puramente subjetivo de esta obra, la ola generalmente es descrita como la producida por un tsunami o una ola gigante, pero es también descrita como una ola monstruosa o fantasmagórica, como un esqueleto blanco que amenaza a los pescadores con sus «garras» de espuma.34 Esta visión fantástica de la obra recuerda que Hokusai era maestro de la fantasía japonesa, como lo demuestran los fantasmas que dibujó en su Hokusai manga. De hecho, un examen de la ola del lado izquierdo muestra muchas más «garras» listas para apresar a los pescadores que se encuentran detrás de la franja de espuma blanca. A partir de los años 1831 y 1832, Hokusai comenzó a abordar los temas sobrenaturales de una forma más explícita en la serie Hyaku monogotari, «Cuento de cien [fantasmas]».

Esta imagen es la reminiscencia de muchas otras obras del artista. La silueta de la ola evoca también la de un dragón gigante, el cual es dibujado constantemente por el autor, incluso en el Fuji. La ola también es como un fantasma de la muerte encaramado hacia los marinos condenados, que extiende sus múltiples pliegues como los tentáculos de un pulpo, animal que Hokusai usa continuamente en sus dibujos eróticos.

Destaca además el trabajo de profundidad y perspectiva (uki-e), con el marcado contraste entre el fondo y el primer plano. Las dos grandes masas ocupan el espacio visual, la violencia de la gran ola se contrapone a la serenidad del fondo vacío, lo que hace recordar al símbolo del yin y yang. El hombre, impotente, lucha entre los dos, lo que puede constituir una referencia al taoísmo, pero también al budismo —las cosas hechas por el hombre son efímeras, representado por los barcos arrastrados por la ola gigante— y el sintoísmo, donde la naturaleza es omnipotente.
La oposición del ying y el yang se refleja también en el nivel de colores: el azul de Prusia se opone al color complementario utilizado en el fondo: un tono entre rosa y amarillo. La simetría en la imagen es casi perfecta, tanto en formas como en tonalidades.


También créditos a dicha página por la información. 



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